¿Seguir la Ley o la conciencia?

US Poverty Rate Rises To Highest Since 1983El gobierno de Estados Unidos se muestra comprometido en la lucha mundial contra el hambre. Así lo hizo saber el secretario de Estado, John Kerry, en un evento donde se dieron a conocer los laureados con el Premio Mundial de Alimentación de 2013, el pasado 19 de junio. Sin embargo, una ley aprobada hace un año en varios estados del país norteño, que prohíbe la entrega de alimentos a los “sin techo”, pone al descubierto la falsedad de los planteamientos expresados por Kerry en materia de seguridad alimentaria.

La polémica ley inhibe la voluntad personal de los ciudadanos de ayudar a los más desfavorecidos, bajo la justificación de que no cumplen con las medidas sanitarias pertinentes. Es decir, la simple y humana reacción de una conciencia limpia será multada y en caso extremo encarcelada, si de sustentar a los más necesitados se trata.

El alcalde de Filadelfia, Michael Nutter, alejado de la política que aparenta la gestión de Obama, quiere mantener limpio su terreno para evitar una mala imagen en el sector turístico. Según cuentan activistas, da por hecho que una buena imagen vale más que mil palabras, por eso, evita malos tragos con nada más y nada menos que una multa de 150 dólares a quien pese a todo conserve alma y corazón para auxiliar al prójimo.

Obama dijo: “la lucha contra el hambre representa un imperativo mundial para Estados Unidos”. Está clara la intención, tiene la casa llena, el hambre amenaza su gestión con 50 millones de personas afectadas.

Obama “ha colocado la seguridad alimentaria en el primer plano de la agenda de desarrollo”, – afirmó Kerry-, y propuso crear “nuevas iniciativas, como Alimentar el Futuro”. El único contratiempo visible es que al parecer hay un problema de comunicación entre el alto mando de la Casa Blanca y los gobiernos locales de algunas ciudades del país.

Houston, Philadelphia, Orlando (Florida), Dallas, Las Vegas y Nueva York, implementaron esta “medida de seguridad” ya que están preocupados por los daños a la salud que puede ocasionar la entrega de alimentos por los “ordinarios bienhechores”, aunque hasta este momento no se han reportado muertes debidas a envenenamiento o intoxicación.

Sin embargo, acatar la ley, será obligar a los “sin techo” a buscar en la basura, otra contradicción que nos lleva a la pregunta: ¿Será más confiable un tanque de “residuos orgánicos” que una taza de sopa o un pedazo de pan?

Para dar de comer a los pobres existe un “modus operandi”. Según el mismísimo Michael Nutter, “alimentar a los hambrientos no debe realizarse así como abrir un autocamión, distribuir sin pensar las hamburguesas, y luego huir en la noche oscura y lluviosa”. Más bien, debe existir un local cerrado, o una especie de comedor público, en el que estas personas sean alimentadas de forma “regular” y con todas las medidas sanitarias en orden.

Pero la ley no es igual para todos. El alcalde de Filadelfia indicó que las reuniones familiares no se verán afectados por este código. “Una clara violación de los derechos civiles. Eso quiere decir que la gente que tiene que comer, puede comerlo en ciertos lugares. Pero la gente que no lo tiene, no puede comer lo que le dan”, sentenció el activista Brian Jenkins.

Por otra parte, no solo se ven frenados los esfuerzos por ayudar a esa parte de la población norteamericana, también se ven envueltos en una ola de burocracia, y traspapelan los permisos para aprobar locales que brinden servicios de comida.

En Houston, Bobby Herring y Amanda tuvieron que cerrar su “Feed a Friend” por la falta de un permiso luego de un año de servicio a personas sin techo. “Nosotros pensamos que no quieren que alimentemos a la gente”, dijo Bobby.

No todas las buenas acciones son premiadas. De eso pueden dar fe activistas en California, Texas, Pennsylvania, Carolina del Sur y Florida. Pues la policía les prohíbe dar de comer a los pobres. En cambio, los premios por sus buenas acciones pueden incluir unas vacaciones por solo mil dólares al fondo de un calabozo.

“Estuve entre los 24 arrestados en Orlando, Florida, por haber repartido comida a un grupo de pobres en lo que resultó ser una violación de la ley de alimentación de un amplio grupo de gente (‘large group feeding law’). Cuando me arrestaron por segunda vez, pasé 17 días tras las rejas y pagué 1 000 dólares de multa por mi ‘delito’”, aseguró Keith McHenry, miembro del grupo “Food not Bombs”.

Keith dice que no existe un modo correcto de dar comida a los más desfavorecidos, “solo la distribución de toda la comida que puedes permitirte darles”.

Para estas personas laureadas con conciencia a prueba de leyes y multas, sí están vigentes las mal empleadas palabras del secretario de Estado, John Kerry. “La lucha por los alimentos es, a fin de cuentas, la lucha por la vida misma”.

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