Son los tiempos de Bolívar en la América nuestra

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Activistas de más de 30 naciones participan en el encuentro en Caracas.

“Padre nuestro que estás en la tierra, en el agua, en el aire

de toda nuestra extensa latitud silenciosa,

todo lleva tu nombre, padre, en nuestra morada.”

Con estos versos a manera de emocionada plegaria comenzaba nuestro Pablo Neruda su poema Un canto a Bolívar. No exageró el poeta en sus aseveraciones, más bien fue muy preciso, puesto que de entonces acá ningún empeño noble se ha emprendido en Nuestra Madre América sin invocar el nombre del Libertador.

Pero estos son también los tiempos de Bolívar: los tiempos de vendimia donde estamos recogiendo en la patria de sus sueños los frutos de su siembra fecunda. Luego de la purga feroz a que lo han sometido las pasiones en el último siglo, surge su impronta en la totalidad de su fuerza germinadora. En esta su cuna, Venezuela; en su Caracas jovial, plena y hospitalaria, vuelve a sentirse el poderoso vórtice de la revolución americana.

Los que hoy le rendimos homenaje, en este acto simbólico o en cualquier soledad agradecida, somos los hijos de su espada. A él le debemos el canto, la palabra y la ecuménica originalidad de nuestro espíritu. Otros seríamos hoy sin aquel ímpetu; otras nuestras naciones sin aquella indomable voluntad. Él nos supo distintos, y consagró nuestro derecho a serlo. Con fuego, idea y ternura acrisoló la masa de la nueva cultura americana, y en esa fragua creciente Junín valió tanto como Mi delirio sobre el Chimborazo, Boyacá, como su Carta de Jamaica, Carabobo, con su Discurso de Angostura. Sus proclamas, sus leyes, sus amores configuraron la dimensión del hombre que renovó la fe de un mundo nuevo. Fe que llevó a su discípulo José Martí a concebir años mas tarde Nuestra America.

Hoy podemos decir ¡Simón Bolivar! sin que se nos quiebre la voz o nos remuerda la conciencia, porque vamos cumpliendo, en nuestra batalla cotidiana contra injusticias ancestrales, con lo que nos señaló también el Apóstol de Bolívar, que lo fue de Cuba. Estamos construyendo con nuestras propias manos, para gloria de América y del mundo, lo que el padre Libertador no pudo concluir.

Gracias a su hijo primogénito, el Comandante Eterno, Hugo Chávez, el nombre de Bolívar volvió a resonar en las montañas, ríos y llanos de nuestra inigualable geografía, clamando otra vez por la justicia y la libertad. Pero Chávez tuvo siempre la inteligencia natural del pueblo de Bolívar, y el corazón transparente y ancho como el Orinoco. Esta verdad sencilla podría explicar acaso el milagro de que hayamos podido avanzar en la unión de nuestra América mucho más en los últimos quince años que en décadas anteriores. Hemos sabido de nosotros mismos, nos hemos consolado los dolores y han desaparecido viejas cicatrices. Hemos creado tratados comerciales recíprocos para complementar nuestras riquezas, hemos firmado pactos de defensa y nos hemos levantado frente a las impertérritas insolencias de Europa cuando se ha pretendido mancillar a nuestro hermano Evo, por indio y por antiimperialista como él mismo declaró. ¡Eso es también Bolívar! La unidad inquebrantable, la palabra vibrante y el acto decoroso, limpio y justo.

Pero son además los tiempos de Bolívar porque siguen siendo tiempos de lucha. Algo se ha hecho, pero es mucho más lo que nos falta. Las hordas del odio acechan siempre a toda obra de amor. La Revolución que se inspiró en su espíritu sigue siendo atacada cada vez con más fuerza. Los procesos revolucionarios que se han inspirado en sus ideas están siendo combatidos con saña por los alabarderos de oficio y los mezquinos. Una vez más se cumple lo que dijo el poeta “Bolívar, capitán, se divisa tu rostro./ Otra vez entre pólvora y humo tu espada está naciendo./ Otra vez tu bandera con sangre se ha bordado./ Los malvados atacan tu semilla de nuevo,/ clavado en otra cruz está el hijo del hombre.” Pero también se cumple con fuerza irreductible aquella profecía en que el Libertador, “…mirando el Cuartel de la Montaña, dijo:/ ‘Despierto cada cien años cuando despierta el pueblo’.”

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