Otra vez el ejemplo de Cuba

Impresionante -a nivel mundial- ha sido la decisión de Cuba de asumir una absoluta e irrestricta solidaridad con los países africanos afectados por el virus ébola. 256 médicos, enfermeros y otros trabajadores de la salud cubanos se encuentran combatiendo esa mortal epidemia en Liberia, Guinea-Conakry y Sierra Leona. Forman parte de un contingente de 461 profesionales sanitarios entrenados en el Instituto Cubano de Medicina Tropical, en La Habana, en hospitales de campaña que reproducen las condiciones que afrontarán en Africa.
La respuesta cubana al llamado de la Organización Mundial de la Salud (OMS) para ayudar a los países africanos fue inmediata y sin limitaciones. El primer grupo de 62 médicos y enfermeros cubanos llegó a Sierra Leona a principios de octubre. Desde entonces otros contingentes se han ido sumando y su abnegada labor es reconocida hasta por los más acérrimos enemigos de la Revolución Cubana, que no pueden ocultar su admiración por este gesto.
Los cubanos han vuelto a demostrar que su sentido y práctica del internacionalismo, ya sea en los desafíos de la guerra -como en Angola en el pasado- o ahora en los esfuerzos de la paz, es una convicción que ha echado raíces en su ideario revolucionario. La generosa actitud cubana es fruto de la educación socialista, que busca formar al hombre y la mujer nuevos de una sociedad diferente. La voluntad con que materializan ese sentimiento va más allá de las palabras, porque la respaldan poniendo en juego sus propias vidas. Una solidaridad como la que brinda Cuba -y que en el pasado reciente ha beneficiado al propio imperio- es simplemente amor a la Humanidad. El origen de esta conducta excepcional que hace tan admirable al pueblo de José Martí, es la moral de una sociedad educada por la revolución de Fidel y el Che.
Esta solidaridad ejemplar está recibiendo reconocimiento universal. Incluso el secretario de Estado norteamericano, John Kerry, ha destacado: “Cuba, un país de apenas once millones de habitantes, ha enviado 165 profesionales de la salud y prevé enviar cerca de 300 más”. Sin embargo, la Unión Europea y otros países capitalistas se han limitado a ofrecer ayuda monetaria para combatir el ébola, sin arriesgar las vidas de personal médico, como ha hecho Cuba.
Hay que advertir que la solidaridad cubana con Africa en materia de salud no es nueva. Más de cuatro mil cooperantes sanitarios trabajan en 32 países africanos. Y varios otros miles en América Latina y el Caribe. Muchos de estos países han adoptado las prácticas sanitarias, las vacunas y medicinas de la isla y los protocolos cubanos para el tratamiento de epidemias, así como los programas de respuesta cívica ante catástrofes naturales, que son capaces de movilizar millones de personas en cuestión de horas.
Sin embargo, en el marco de estos hechos que enaltecen a Cuba y su sistema político, persiste el bloqueo norteamericano que estrangula la economía cubana. Este 28 de octubre -por vigésimo tercer año consecutivo- se ha registrado la condena anual al bloqueo por la Asamblea General de la ONU. Nuevamente 188 países votaron a favor de la resolución que insta a EE.UU. a poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero a la isla. Desde 1962 esa medida ilegal y abusiva -que pretendía rendir por hambre y enfermedades a la Revolución Cubana- ha causado pérdidas que se calculan en 1 billón 112 mil 534 millones de dólares, sin considerar las enormes penurias sufridas con estoicismo y fervor revolucionario por la población.
Sin embargo, el socialismo cubano -capaz de generar acciones solidarias como la que hoy están recibiendo los pueblos africanos- sigue ahí, de pie y más altivo que nunca. Quizás el mejor homenaje a este gesto humanitario sea la propia votación en la ONU. Una vez más, EE.UU. se quedó solo con Israel, su cómplice en muchos otros crímenes de lesa humanidad. Hasta The New York Times está aconsejando al presidente Obama que ponga fin al cerco y agresión a Cuba, porque más le sirve a los propios intereses norteamericanos. No cabe duda que ha llegado la hora que EE.UU. admita la realidad que le obliga a tratar con respeto a una nación que se ha ganado el aprecio y admiración del mundo.

PF

(Editorial de “Punto Final”, edición Nº 816, 31 de octubre, 2014)

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