Guerrilla comunicacional versus guerra mediática de monopolios

Los procesos revolucionarios y progresistas de América Latina sufren hoy una ofensiva mediática continental de los grandes monopolios de la información, orientada a socavar la credibilidad de sus dirigentes, derrocar gobiernos y promover el caos.

Esta modalidad de guerra mediática, que algunos han llamado “golpe suave” o “nuevo Plan Cóndor”, tiene dos características comunes: es dirigido desde Estados Unidos por expertos en subversión comunicacional y utiliza todos los medios de las derechas nacionales.

La tesis atribuida al ministro de Propaganda de Adolf Hitler, Joseph Goebbels, de que una mentira repetida mil veces acaba calando en la mente de muchas personas como si fuese verdad, es una de las tácticas empleadas por esos estrategas de la guerra mediática.

Sembrar dudas sobre la confiabilidad de los dirigentes de izquierda, propalar rumores infundados por todos los medios de la derecha, sin atenerse a principios éticos o responsabilidad con lo que publican, es una práctica del golpismo mediático en varios países de la región.

Otro objetivo, claramente evidenciado, es promover la división de las filas progresistas, en busca de crédulos que se dejen influir por lo que ven en los principales canales de televisión, escuchan en monopolios radiales de la derecha o leen en sus periódicos de grandes tiradas.

Un nuevo actor se ha sumado en esta guerra: las redes sociales. El empleo en Internet de conocidos y cómicos “memes” para satirizar gobernantes, distorsionar una situación, o propalar infundios, replicados de persona a persona, hasta alcanzar amplia difusión “viral” en las redes.

El uso de “memes”, con fines políticos para desprestigiar dirigentes populares e intentar socavar gobiernos progresistas, requiere el empleo de profesionales altamente calificados en Comunicación y Diseño, y está comprobado que muchos de ellos se hacen en Estados Unidos.

La característica impersonal de las principales redes sociales, donde el anonimato es parte de sus reglas y cualquiera puede publicar en ellas sin responsabilidad ulterior, las hace instrumento ideal para propagar rumores, calumnias, y sembrar dudas principalmente en los jóvenes.

Esta “avalancha mediática” combina todos los medios con el método de sobreponer campañas de mentiras, mediante la introducción de una nueva calumnia antes de que los gobiernos o dirigentes demuestren la falsedad de la anterior, colocándolos siempre en posición defensiva.

Frente a esta conjunción de tácticas, dentro de una estrategia orientada a aplastar la credibilidad popular con el uso combinado de los grandes medios de la derecha, una elemental defensa es articular la respuesta con una especie de “guerrilla comunicacional”.

Internet no es una autopista de una sola vía, e igual sucede con las redes sociales. Evitar que los enemigos de los procesos de cambio mantengan en jaque a los gobiernos, movimientos sociales y fuerzas progresistas, solo puede lograrse retomando la ofensiva informativa.

La confusión causada por infundios en la mente de participantes de los procesos de cambio requiere explicaciones convincentes, creíbles y fundamentadas, en acción conjunta de los medios progresistas locales y nacionales y el apoyo internacional de medios revolucionarios.

Está comprobada también la estrategia de Estados Unidos de pretender imponer la agenda mediática internacional, convencidos de que esta agenda se replicará en los medios nacionales de la derecha en los países progresistas latinoamericanos.

Frente a esta guerra mediática coordinada desde Washington a nivel continental, se impone también una acción coordinada tipo guerrilla comunicacional de los medios progresistas, comunitarios, indígenas, la difusión personal y el apoyo de medios internacionales.

El principio clásico de que “la mejor defensa es el ataque” se traduce en la regla de difundir primero la verdad para que nadie se confunda con las mentiras posteriores, y en divulgar la obra de los procesos progresistas en favor del pueblo antes que versiones distorsionadas.

La verdad, dicha a tiempo a los oídos y puesta ante los ojos de los principales beneficiarios de los procesos revolucionarios, es la mejor vacuna contra la manipulación mediática, las mentiras y los infundios.

Por Pedro Rioseco, Prensa alatina

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