Ecuador: ¿Después de Correa un Lasso?

Tan involucrado como los dos candidatos presidenciales, porque a fin de cuentas se decide la sobrevivencia o no del proceso de avance que él ha liderado durante una década, Rafael Correa afirmó hace poco que el balotaje que vivirá Ecuador el 2 de abril pondrá a prueba a la izquierda y a la derecha de América Latina. «Es un punto de quiebre: si la derecha continúa ganando espacio en el continente o vuelve al lugar que le ha asignado la Historia», dijo, con la perspicacia política que le caracteriza, el aún presidente y líder de Alianza País.

En efecto, ese día, más de 12 800 000 ecuatorianos deberán escoger a un nuevo mandatario entre el exvicepresidente (2007-2013) Lenín Moreno y el exministro de Economía y antiguo banquero Guillermo Lasso. Visto lo que ha pasado y lo que pende sobre los gobiernos de progreso latinoamericanos, no pocos coinciden en que allí, en el centro del mundo —frase que ahora adquiere una significación mucho más que geográfica—, se define «la última frontera».

Por supuesto, ahora todos vuelven a mirar a las encuestas, ese imperio de la «adivinación» política tan resquebrajado el año pasado, cuando pifió en sus estimaciones sobre el referendo del Brexit, en Reino Unido, las elecciones en Estados Unidos y la aceptación popular del acuerdo de paz en Colombia.

La «línea ecuatorial» de las encuestas

En Ecuador muchos sondearon, pero pocos se atreven a estar seguros, porque las encuestas tienen un pequeño detalle a considerar: las elaboran, las aplican y las analizan personas con tendencias ideológicas y pendencias políticas. Hasta el 22 de marzo, último día en que las regulaciones electorales ecuatorianas permitieron la publicación de resultados de los sondeos, las consultoras Opinión Pública, Perfiles Opinión, Market y Cedatos coincidían en pronosticar el triunfo del izquierdista Moreno, pero, entre números, el asunto tiene cola.

Mientras Perfiles Opinión estima que Moreno sacará dos millones más de votos que su conservador rival, Cedatos, que hasta el 17 de marzo vaticinaba el triunfo de Lasso, espera ahora la victoria del candidato de Alianza País, pero con un margen muy estrecho, «propicio» para lo que pueda pasar.

No por gusto, Rosana Alvarado, la vicepresidenta de la Asamblea Nacional de Ecuador, anunció que presentaría una denuncia a la Fiscalía General contra Cedatos por manipular los resultados de sus consultas para favorecer a Lasso. Como siempre pasa en esta época en que la tecnología a veces salva y a veces hunde, aparecieron unos correos electrónicos que demuestran la manipulación intencionada de datos y cheques empresariales a favor de esa consultora, y no precisamente por indagar sobre la jurásica belleza de las islas Galápagos.

Ese escándalo adquiere también tintes audiovisuales, porque un integrante del centro de cómputo de Cedatos denunció en un video que directivos de esa firma —con muy estrechas relaciones comerciales con Creo-SUMA, el movimiento de Lasso— ordenaron alterar cifras.

Otro duelo entre derecha e izquierda

Mencionada su filiación, no hay que explicar mucho sobre las propuestas de los dos rivales ecuatorianos. Moreno defiende al —y espera sus votos— sector de los humildes para fortalecer el programa de Correa. «Salvar el Ecuador con los votos de los pobres», es una de las consignas de quien sabe que, en materia electoral, los pobres latinoamericanos son poderosos. Del otro lado, Lasso, que para el balotaje cuenta con el apoyo de los opositores vencidos en la primera ronda, simplemente quiere cambiar la Revolución Ciudadana por la involución del capital.

En algo hay que darle la razón a esa derecha: nadie puede darse por vencedor. Si bien en primera vuelta Alianza País superó a Creo-SUMA en un millón de votos y consiguió la mayoría en la Asamblea Nacional, no tiene ningún motivo para confiarse. El 19 de febrero Moreno rebasó en toda la línea a los otros siete candidatos pero quedó en la orilla del 40 por ciento de los votos que le hubieran dado la presidencia sin el sobresalto —porque siempre es un sobresalto por mucho optimismo con que se asuma— de otro sufragio que coloca en cero, por igual, el «cuentamillas» electoral de los dos contendientes.

El incidente con las encuestas, junto con la ya conocida ofensiva mediática de derecha, en el país y la región, dejan a las claras cuál es la diana política en el ataque a los procesos independentistas latinoamericanos: la opinión pública y el empleo fratricida de los estamentos democráticos. Usando «guantes blancos», la derecha tiene la real opción de ganar —por engaño puro, por manipulación y hasta por desgaste del discurso o el programa de sus adversarios— mientras que, en caso de ser derrotada, tiene a mano el viejo recurso de la impugnación y el pataleo.

Recuérdese que en primera vuelta, al saberse perdidos, Lasso y su compañero de fórmula, Andrés Páez, encabezaron las manifestaciones para exigir, sí o sí, el balotaje que les diera otra oportunidad al Palacio de Carondelet o denunciarían un «fraude», pese a que Moreno bien podría agregar ese 0.64 que le faltó para el 40 por ciento que le hubiera dado acceso directo a la presidencia.

La última urna, con jota o sin ella

De izquierda a derecha, Lasso y su compañero de fórmula, Andrés Páez. Foto: ecuvisa.com

Ahora, tanto Moreno como Lasso saben que les queda apenas una bala, lo cual puede elevar las pasiones de sus seguidores.

No por gusto, Juan Pablo Pozo, el presidente del Consejo Nacional Electoral, ha llamado a evitar la violencia y detallado la legión de observadores de todas partes y todo signo que se desplegarán por el país: 82 000 de las agrupaciones políticas y cerca de 300 de cuatro continentes y de organizaciones tan dispares como la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), la Organización de Estados Americanos (OEA), la Unión Interamericana de Organismos Electorales (Uniore) y su equivalente Asociación Mundial (A-WEB), el Centro Carter y los parlamentos Andino y Latinoamericano. En efecto, parece que Ecuador nunca estuvo tan al centro del mundo.

A inicios de este mes, Guillermo Lasso comentó que, de ganar el balotaje, impulsaría una Asamblea Constituyente. «Será aquella herramienta para, de un solo tajo, desmontar todo este andamiaje correísta», dijo al canal Teleamazonas. Borraría, barrería, la Carta Magna de línea socialista que el Gobierno de Correa —quien llegó al poder en 2007— logró establecer en 2008 en bien de la mayoría. Ahora, el candidato derechista anunció «reformas de fondo, fundamentales», cuya naturaleza cualquiera adivina, viniendo de un exbanquero.

Tal proyección hace que en Ecuador se recuerde a Mauricio Macri, el presidente argentino, quien en 2015 ganó un balotaje después de perder en primera vuelta frente al kirchnerista Daniel Scioli. Al frente de la alianza Cambiemos, Macri prometió «pobreza cero» y, al cabo, ha añadido un millón y medio de pobres a los que encontró; dijo que crearía un millón de empleos y ha subido el paro hasta el 10 por ciento; declaró la lucha contra la corrupción y no ha podido quitarse las sombras de la sospecha. Y así, hasta el infinito y más allá…

Muchos temen que una eventual victoria del «lassismo» traiga a Ecuador un paisaje similar. Al respecto, los seguidores de Lenín Moreno han repartido unos volantes elocuentes como gruesos tomos de filosofía: «Si quieres ()oderte como en Argentina, vota por Guillermo Lasso». Queda esperar que los ecuatorianos decidan sobre esa «jota».

Tomado de Juventud Rebelde

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