No dejaremos que la luz de la Revolución Cubana se apague

Raúl Castro Ruz en Casa de las Américas, el 11 de septiembre de 1959. Foto: Cortesía Casa de las Américas.

«El entusiasmo de las masas latinoamericanas por la Revolución Cubana se mantiene, se reafirma y extiende debido, principalmente, a su carácter, a su profundidad, a que es una Revolución radical del pueblo; una Revolución que, tanto en lo político como en lo económico y lo social, va a la raíz de los males de nuestros pueblos y produce transformaciones profundas, decisivas, históricas.

Si Fidel Castro es hoy el líder más popular, más conocido y que más entusiasmo y adhesiones despierta en toda la América Latina, se debe no solo a la lucha armada de dos años, sino también y principalmente a que el poder revolucionario instituido bajo su dirección reivindicara resuelta y firmemente la soberanía nacional, mediatizada o negada desde 1898 por la intervención norteamericana […]».

Impresiona la profundidad del ideario martiano y fidelista de Raúl, que desde la época de estudiante en la Universidad de La Habana, siguió el mismo camino transitado por Fidel, y se convirtió en un activista del movimiento estudiantil. Participó en la organización y realización del Congreso Nacional Martiano en Defensa de los Derechos de los Jóvenes Cubanos y en el Desfile de las Antorchas como homenaje al centenario del natalicio del apóstol de la independencia de Cuba, José Martí.

Con solo 21 años de edad, Raúl presidió la delegación cubana que asistió a la Conferencia Internacional sobre los Derechos de la Juventud, celebrada en Viena, Austria, y trabajó en el Comité Internacional Preparatorio del Cuarto Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes en Bucarest, Rumanía. En ambos eventos estableció relaciones con los delegados de los países latinoamericanos.

De regreso a La Habana en el barco Andrea Gritti y recién cumplidos sus 22 años de edad, Raúl invitó a dos amigos guatemaltecos, que representaron a su país en las citas estudiantiles, a bajarse en el puerto venezolano de La Guaira, y «sin sacudirse el polvo del camino» visitaron la estatua del libertador Simón Bolívar en Caracas, como mismo lo había hecho José Martí 72 años antes. A su llegada a Cuba se incorporó a la lucha política, ingresó en la Juventud Socialista y participó en el asalto al Cuartel Moncada, el Granma, la Sierra Maestra y la victoria.

Vestido con su uniforme militar llegó el segundo al mando de la Revolución Cubana a Casa de las Américas. Tenía Raúl 28 años de edad. Su excelente oratoria, el manejo de la historia, la sensibilidad humana y el antimperialismo, estuvo presente en aquellas palabras:

«El mal de males de la América Latina es, por una parte, la limitación de la soberanía nacional y la subordinación de la economía por poderosos intereses extranjeros que se organizan por los monopolios, y, por otra parte, el latifundismo, que constituye una barrera fatal para la independencia económica y el desarrollo económico.

«Cuando hablamos con un latinoamericano de cualquiera de nuestros países, sea de la clase social que sea, empresario u obrero, hombre de campo o de ciudad, líder político o líder social, encontramos a cada paso, en sus descripciones, casos y cosas que nos recuerdan nuestros propios problemas, nuestras propias dificultades, nuestros propios males pasados y presentes.

«Cuando Martí hablaba de Nuestra América, cuando no limitaba su patria a nuestras queridas islas, sino que se consideraba como hijo y servidor de toda «Nuestra América», tenía presente, seguramente, esta similitud de los males que nos azotan, de los enemigos que nos atacan, de los peligros que nos amenazan.

«Nuestro es Martí, como nuestros son el cura Hidalgo, y el indio Juárez, Bolívar y San Martín, Artigas y O’Higgins, Betances y Eloy Alfaro».

Ese día brilló también el estadista, el revolucionario, el mejor discípulo de Fidel. En la conferencia Raúl reconoció además el apoyo decisivo del pueblo cubano y la solidaridad internacional, incluyendo la estadounidense, para seguir avanzando en la consolidación de la independencia y la construcción de una sociedad más justa para Cuba y toda Nuestra América:

«Tenemos en el timón a un revolucionario que no se asusta de las tempestades, que se crece en las dificultades y que persigue con firmeza las metas de nuestra Revolución.

«Tenemos la confianza y la colaboración activa del pueblo de Cuba, especialmente de los trabajadores, de los campesinos, de las clases medias, de los estudiantes y de la juventud.

«Tenemos la simpatía y la comprensión del mundo, de los progresistas revolucionarios y demócratas verdaderos de todas partes, incluso de los propios Estados Unidos, donde no faltan voces que sostienen la justicia de la causa de Cuba y del Gobierno Revolucionario».

Aquel discurso del General de Ejército Raúl Castro Ruz, aún en los primeros meses del triunfo revolucionario, mantiene plena vigencia, su pensamiento estratégico trasciende épocas, porque siempre va a las esencias y asume la realidad con optimismo y fe en la victoria, como enseñó Fidel. Sus palabras finales en la conferencia tienen hoy un significado mayor para la región, que vive ahora los efectos de una fuerte y articulada contraofensiva imperialista y oligárquica:

«Somos un país pequeño con una gran responsabilidad. Estamos explorando los caminos de la historia de la nueva independencia latinoamericana. Nuestra Revolución, como un faro de esperanza, proyecta su luz sobre nuestros países hermanos. La Revolución Cubana —la Revolución de nuestro pequeño país—, ha sacudido a 200 millones de latinoamericanos, les ha dado una nueva conciencia de sus fuerzas y de su destino, ha elevado el sentimiento de solidaridad y de cooperación latinoamericana en pro de los altos ideales de liberación, de progreso y de libertad, ha puesto en movimiento nuevas fuerzas, ha mostrado nuevas experiencias y descubierto nuevas posibilidades.

«América Latina encontrará los medios de juntarse y cooperar para acelerar su desarrollo y garantizar su libertad. Cuba está en la vanguardia de ese empeño».

Han transcurrido casi 60 años del discurso del presidente cubano en Casa de las Américas. Las premonitorias palabras de Raúl se hicieron realidad, a pesar de las serias amenazas de retroceso que hoy experimenta la región. Varios de sus países lograron alcanzar la verdadera independencia y luego de un intenso batallar se logró crear por primera vez en la historia una organización puramente nuestramericana que agrupa a las 33 naciones libres al sur del Río Bravo: la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), que celebró en Caracas en diciembre del 2011 su Cumbre fundacional. Dos años después, en enero del 2014 en La Habana se declaró a América Latina y el Caribe como Zona de Paz.

Las semillas sembradas en la Mayor de las Antillas por nuestros mayores han germinado y recogido sus mejores frutos en el heroico pueblo cubano. Las presentes y futuras generaciones, guiados por la vanguardia política y cultural, mantendrán el compromiso expresado por Raúl y que junto a Fidel ha cumplido consecuentemente a lo largo de la historia: «no dejaremos que la luz de la Revolución Cubana se apague para los pueblos hermanos de Nuestra América».

Fuente: Raúl Castro Ruz: «El mensaje de la Revolución Cubana», conferencia pronunciada en la Casa de las Américas, La Habana, Cuba, el 11 de septiembre de 1959 publicada en el periódico Hoy, 16 de septiembre de 1959.

 

Anuncios
Esta entrada fue publicada en #Paz, America Latina y el Caribe, Cuba, internacionales, Raúl Castro y etiquetada , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s