Venezuela: Notas apuradas

Antes del 2, ineludiblemente, siempre está el 1. Por eso hay factores suficientes para emparentar el intento golpista en Venezuela con la ansiedad de la dirigencia norteamericana, el paramilitarismo colombiano y los oponentes internos captando a mercenarios privados.

Este puzle, o parte de él, se explica a través de la afortunada captura de Wilfredo de Jesús Torres Gómez, alias Necoclí, jefe de la banda conocida como Los Rastrojos, una de las encargadas de diversas acciones conspirativas y desestabilizadoras contra el gobierno de Nicolás Maduro. Se le conoce como la Empresa y es consecuencia de la asociación de las Autodefensas Unidas de Colombia y el Cartel del Valle del Cauca.

“(…) estas bandas paramilitares (…) Son la punta de lanza, son la vanguardia de una agresión hacia Venezuela, y por supuesto bajo la supervisión, planificación, dirección y financiamiento de la agencia de inteligencia de Estados Unidos, no tengo la menor duda”, así consideró en una entrevista Freddy Bernal, protector presidencial para el estado Táchira, en la gran frontera con Colombia, y miembro de la dirección nacional del Partido Socialista Unido de Venezuela.

Nada oculto el papel de Iván Duque como testaferro de Estados Unidos, desde donde le encargan abyectas tareas. Buen alumno de Uribe, quien lo impulsó a la presidencia y fue el padrino de las que se llamaron fuerzas de autodefensa. Esas referencias hacen lógico que Dique se encargue de inducir al Ejército Bolivariano para que se insubordine y facilite el derrocamiento de un gobierno legítimo.

También convocó al resto de los jefes de estado conservadores a sumarse en favor de la asonada y a provocar actos de violencia y desafueros capaces de abrir las puertas a una guerra civil. Su llamado implicaría una complicidad regional a espaldas de los pueblos que representan, ignorando que un conflicto de esa envergadura carece de fronteras definidas. Hay fuegos que una vez iniciados no pueden ser sofocados y se extienden hacia donde menos se pensó.

Resulta normal que los John Bolton, Marcos Rubio, Pompeo o Pence, aplaudan la deserción de un grupo y la convocatoria del autoproclamado a la debacle, por eso no hay sorpresa al saber que la Blackwater esté conformando un ejército privado de unos 5 mil mercenarios para propiciar el derrocamiento de la actual administración venezolana.

Los fondos, ¡oh casualidad!, provienen de la propia administración Trump y de los ricachones venezolanos dentro o fuera del país, deseosos de revertir un proceso que les priva de aumentar sus caudales con el perdido desafuero, a costa de ya se sabe quiénes.

Bien, si como dice el pelele de Washington en Caracas, ‘el pueblo y el ejército están en su favor’, ¿por qué se hacen necesarios paramilitares colombianos y mercenarios de sabe Dios dónde?

Este contingente militar ajeno que estaría constituyéndose, lo concita el autoproclamado para ponerlo a su servicio o, visto de otro modo, a falta de una intervención directa del Pentágono, repudiada hasta por sus socios más sometidos, se opta por emplear asesinos vinculados al narcotráfico y/o cientos de infelices latinoamericanos que a falta de trabajo y soluciones decentes para su existencia, formaron parte de la carne de cañón o fueron verdugos, en diversos escenarios bélicos. Ahora sería en un país hermano.

Los de Washington o Bogotá no parecen enterados o poco les importa si los hilos que están moviendo llevan a una guerra civil y el consecuente derroche de sangre acompañante. Indicativo de esa indiferencia ante el mal desatado o a la falta de escrúpulos que les caracteriza, puede verse en numerosos hechos.

Cuando fue apresado el diputado Roberto Marrero, asistente del tal Guaidó, se pudo obtener de su móvil y computadora personal datos que completaron los elementos logrados por los servicios de inteligencia chavistas, y llevaron a la captura del peligroso paramilitar colombiano y los planes terroristas a su cargo.

El intento de golpe no está desvinculado de estos hechos, parte del arsenal dispuesto hacia un objetivo malsano, altamente arriesgado.

Tomado de Cubadebate

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